Hoy le damos sentido al mensaje fraternal de Jesús, deseamos que el mundo tenga paz, pero inicialmente la paz debe estar alojada en nuestro ser para que nuestro mundo empiece a cambiar, no buscaremos la paz a través del otro, primero debe darse en nuestro corazón para que los demás puedan percibir ese bello sentimiento. La paz es lo ideal, lo perfecto, lo idóneo, lo deseado pero debo construirla dentro de mi corazón, vaciarme poco a poco del mundo que me delega sus conflictos y llenarme de Jesús para disfrutar de cada amanecer.
Podemos organizar caminatas, tertulias, foros, seminarios, retiros y otros; todos esos eventos pueden aportar soluciones, estrategias, pero sin alcanzar los resultados esperados; hay que limpiar el corazón para que nuestro ser sea un verdadero altar para el Señor, un verdadero altar de sacrificios, un altar desde donde Cristo se manifieste como el Verbo.
Nuestro hermano Jesús nos da una paz real y profunda que le pone fin a todos los conflictos. Sobrepasa todo nuestro entendimiento y penetra hasta los cimientos de nuestro ser. Jesucristo nos pide que dejemos que esta paz domine nuestras vidas. Él nos conoce bien y reconoce nuestra necesidad de vivir en paz. Nos invita a dejar atrás nuestros problemas y turbaciones, y no tener más miedo. Ahora, nosotros no siempre actuamos convencidos de la garantía de la paz. Nuestras acciones no muestran mucha convicción en la paz de Jesús en nosotros. Sin embargo, la paz que Jesús prometió está en vigor a pesar de nuestra apatía. Si hemos confesado nuestros pecados a Dios y recibido su perdón, entonces la paz de Jesús está disponible para nosotros. No hay más razones para turbarnos, ni más motivos para vivir atemorizados. Lo que debemos hacer es entregarnos completamente a Dios, sometiéndonos a su dominio absoluto y aprendiendo, con su ayuda, a vivir continuamente en la paz de Jesús por toda nuestra vida.
La paz en cada persona va logrando eliminar el miedo, Cristo nos invita a través de cualquier acontecimiento diario por muy pequeño que sea a conseguir la tranquilidad del alma. Empecemos por sentirnos libres, rompamos las ataduras.
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