sábado, 22 de octubre de 2011

LOS DIFERENTES ROSTROS DEL CRISTO DE HOY

Vamos por los diferentes templos de la ciudad ofreciendo misas, promesas, rosarios y cualquier actividad que despierte nuestra piedad y novedad, eso está bien no se critica, pero generalmente pasamos de largo y nos hacemos los locos ante la presencia de Cristo desdibujado en sus diferentes rostros, pero lo ignoramos porque nos conformamos con alabar el icono que está perfectamente ubicado en el altar mayor de mi templo preferido, y resulta que Cristo está presente en diferentes rostros para que cada cristiano pueda realizar la verdadera ofrenda del amor, la justicia y la misericordia.
Los diferentes rostros de Cristo en cualquier calle del pueblo o ciudad son fácilmente reconocibles, allí se pueden ver rostros de niños golpeados por la pobreza desde antes de nacer; rostros de jóvenes desorientados por no encontrar un lugar en la sociedad, generalmente frustrados; rostros de indígenas que viven marginados y en situaciones inhumanas, son los pobres entre los pobres; rostros de campesinos que viven relegados en casi todos nuestros pueblos, privados de tierras, explotados y humillados; rostros de obreros mal retribuidos y burlados en sus derechos; los rostros de los subempleados y desempleados, despedidos por las duras políticas económicas que prefieran a las maquinas que a los hombres; los rostros de los marginados con la carencia de bienes materiales frente al grosero derroche de otros sectores sociales.
Y qué decir de los rostros de los jubilados y ancianos marginados de cualquier política social, considerados inservibles por los que dirigen las políticas de Estado.
Cristo nos ofrece toda una gama de rostros que describen con doloroso realismo, imágenes que conocíamos muy bien de hermanos y hermanas que están diseminados en cualquier lugar y que necesitan ser evangelizados, la extrema pobreza adquiere vida real en cada rostro anteriormente señalado, por favor, reconozcamos los rostros sufrientes y dolorosos de Jesús. Allí esta crucificado en cada  vereda, camino, plaza, igual que en el Gólgota hace tantos años.

LA PAZ COMIENZA CUANDO CAMBIE NUESTRO CORAZON


Hoy le damos sentido al mensaje fraternal de Jesús, deseamos que el mundo tenga paz, pero inicialmente la paz debe estar alojada en nuestro ser para que nuestro mundo empiece a cambiar, no buscaremos la paz a través del otro, primero debe darse en nuestro corazón para que los demás puedan percibir ese bello sentimiento. La paz es lo ideal, lo perfecto, lo idóneo, lo deseado pero debo construirla dentro de mi corazón, vaciarme poco a poco del mundo que me delega sus conflictos y llenarme de Jesús para disfrutar de cada amanecer.

Podemos organizar caminatas, tertulias, foros, seminarios, retiros y otros; todos esos eventos pueden aportar soluciones, estrategias, pero sin alcanzar los resultados esperados; hay que limpiar el corazón para que nuestro ser sea un verdadero altar para el Señor, un verdadero altar de sacrificios, un altar desde donde Cristo se manifieste como el Verbo.

Nuestro hermano Jesús nos da una paz real y profunda que le pone fin a todos los conflictos.  Sobrepasa todo nuestro entendimiento y penetra hasta los cimientos de nuestro ser.  Jesucristo nos pide  que dejemos que esta paz domine nuestras vidas.  Él nos conoce bien y reconoce nuestra necesidad de vivir en paz.  Nos invita a dejar atrás nuestros problemas y turbaciones, y no tener más miedo.  Ahora, nosotros no siempre actuamos convencidos de la garantía de la paz.  Nuestras acciones no muestran mucha convicción en la paz de Jesús en nosotros.  Sin embargo, la paz que Jesús prometió está en vigor a pesar de nuestra apatía.  Si hemos confesado nuestros pecados a Dios y recibido su perdón, entonces la paz de Jesús está disponible para nosotros.  No hay más razones para turbarnos, ni más motivos para vivir atemorizados.  Lo que debemos hacer es entregarnos completamente a Dios, sometiéndonos a su dominio absoluto y aprendiendo, con su ayuda, a vivir continuamente en la paz de Jesús por toda nuestra vida.

La paz en cada persona va logrando eliminar el miedo, Cristo nos invita a través de cualquier acontecimiento diario por muy pequeño que sea a conseguir la tranquilidad del alma. Empecemos por sentirnos libres, rompamos las ataduras.